El entrenador Ray Arcel, una leyenda en los gimnasios de Nueva York, trabajó con figuras históricas como Roberto Durán, Barney Ross y Ezzard Charles. Pero cuando le preguntaban por el mejor boxeador que había entrenado, no dudaba: “Benny Leonard. Fue el mejor que tuve.”
Lo que distinguía a Leonard no era solo su talento, sino su inteligencia. Para Arcel, el boxeo era cuestión de cerebro. “Puedes tener fuerza y reflejos, pero si no piensas, eres solo otro más en la calle”, decía.
Benny Leonard nació como Benjamin Leiner en el Lower East Side de Nueva York, en una familia judía inmigrante. Creció entre barrios duros y aprendió a pelear en la calle. Sus tíos lo animaron a usar los puños para defenderse, y a los once años ya entrenaba en un gimnasio.
Debutó como profesional en 1911 con apenas quince años, usando el nombre Leonard para que sus padres no se enteraran. Perdió varias peleas al principio, pero poco a poco fue puliendo su estilo.
Con rapidez, precisión y un gran sentido del ring, Leonard se ganó el apodo de “el mago del gueto”. Sus rivales apenas podían seguirle el ritmo. Ganarle un solo asalto ya era un logro.
Cuando le preguntaban a Ray Arcel por el mejor boxeador que había entrenado, no dudaba: “Benny Leonard. Fue el mejor que tuve.
Una noche, su padre lo descubrió tras una pelea. Leonard le entregó los cinco dólares que había cobrado. Su padre los miró, sonrió y le dijo: “Está bien, Benny. ¿Cuándo peleas otra vez?”
Dominio total
En 1917 se convirtió en campeón mundial de peso ligero al vencer a Freddie Welsh. Defendió el título durante casi siete años ante oponentes como Johnny Dundee, Rocky Kansas y Lew Tendler.
Era un peleador elegante, con un jab afilado y una derecha poderosa. Estudiaba el boxeo con obsesión. Llenaba estadios en Nueva York y tenía miles de fanáticos. Sus combates en el Polo Grounds reunían a más de 50.000 personas.
Antes de bajar del ring, siempre se acomodaba el cabello. Era su sello: ganaba sin despeinarse.
Retiro, regreso y despedida
Se retiró en 1925 siendo campeón, cumpliendo la promesa que le hizo a su madre. Pero tras perder su fortuna en la crisis de 1929, volvió al ring. En 1932, fue derrotado por Jimmy McLarnin y decidió alejarse definitivamente.
Años después, trabajó como árbitro. En 1941, durante una pelea en Nueva York, sufrió un ataque al corazón y murió en el ring, el lugar que lo vio brillar.
Benny Leonard sigue siendo considerado uno de los mejores pesos ligeros de la historia y un genio del boxeo. Inteligente, técnico, valiente. Un artista del ring que dejó su marca para siempre.