La tentación de privatizar al boxeo podría ser devastadora.
Jairo Cuba / Editor de Boxeoplus.com
El boxeo, como cualquier otro deporte, vive al ritmo del cambio. Sube, baja, enfrenta críticas, amenazas y crisis. Pero siempre encuentra la forma de volver a ponerse de pie. Es un deporte histórico, con una base de fanáticos que sostiene la función aun cuando las luces parecen apagarse o se intente destruirlo.
Durante su rica historia ha atravesado transformaciones profundas, ha mantenido su esencia, y se las ha ingeniado para reinventarse.
Hoy, sin embargo, se ve amenazado por el intento de monopolizarlo y convertirlo en un apéndice de las Artes Marciales Mixtas, lo que podría derivar en una crisis estructural que impulse el auge definitivo de otros mercados fuera de Estados Unidos, muchos de los cuales ya han emergido con fuerza.
Si prospera la idea de modificar la Ley Ali para concentrar el control del deporte, el riesgo de catástrofe sería enorme. Habrá entretenimiento un rato, pero el efecto será devastador.
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El ejemplo más claro está en el peso pesado, que pasó de la magia de Ali y toda su generación a un dominio europeo. Esa migración demuestra que hay otros espacios listos para ocupar el lugar que Estados Unidos ha cedido.
Hoy Londres, Tokio, Riad, Manchester o Sídney pueden perfectamente suplantar a Nueva York, Los Ángeles, Dallas y Las Vegas. El boxeo ya no depende exclusivamente de las luces de Nevada .
Usyk, que no es estadounidense, es hoy el jefe máximo del boxeo, seguido por un sólido bloque de figuras británicas. Este crecimiento europeo responde no solo a la falta de talento en Estados Unidos, sino también a una visión de negocio moderna, donde la competencia y la apertura de mercados son clave.
Curiosamente, ha sido Estados Unidos quien ha desfigurado su propio modelo, desde que Floyd Mayweather impuso el absurdo de elegir rivales a conveniencia, una práctica que continuó Canelo Álvarez, con anuencia de varios actores.
Pese a la maquinaria del marketing, ni Mayweather ni Canelo alcanzan la estatura de Rocky Marciano y Julio César Chávez.
Ese patrón abrió espacio a quienes, bajo la bandera de la “reforma”, buscan en realidad monopolizar el boxeo, desfigurando su esencia.
Urge una cruzada —que no exceptúa a los medios— en la que se unan promotores, organismos sancionadores, autoridades locales, oficiales y, sobre todo, boxeadores, para detener este despropósito: este intento de monopolización que haría un daño terrible a una tradición histórica que requiere cambios, sí, pero con reglas claras, jamás como apéndice de otro deporte.
La tentación de privatizar al boxeo podría ser devastadora.
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