Hagler vs. Obelmejías II: Una revancha que nunca debió existir.
Por Michael Carbert —
En 1982 no había discusión: Marvelous Marvin Hagler era el mejor boxeador libra por libra del planeta. Con Sugar Ray Leonard retirado y figuras como Aaron Pryor, Michael Spinks o Larry Holmes lejos de su división, el campeón indiscutido del peso medio reinaba sin oposición real. El problema era precisamente ese: Hagler no tenía rivales dignos ni combates que justificaran el tipo de bolsa que su talento merecía.
La esperada superpelea con Thomas “Hit Man” Hearns se había caído a principios de ese año, y como poseedor simultáneo de los títulos CMB y AMB, Hagler estaba obligado a cumplir con las órdenes de ambos organismos. Así fue como el venezolano Fulgencio Obelmejías, a quien Marvin había destrozado en ocho asaltos en 1981, volvió a convertirse —inexplicablemente— en retador obligatorio.
La revancha fue programada en un escenario tan extraño como el propio combate: el Teatro Ariston de San Remo, Italia. Nadie entendía por qué el CMB pedía esta pelea, ni por qué debía disputarse allí; ni Hagler ni Obelmejías generaban ningún vínculo con ese lugar. Años más tarde, Marvin acabaría viviendo en Italia tras su retiro, pero en 1982 estaba lejos de sentirse a gusto desempeñando allí una defensa innecesaria.
Para colmo, Obelmejías había atribuido su pésima actuación en la primera pelea a un virus, excusa que Hagler jamás perdonó:
“La primera vez lo castigué. Esta vez voy a lastimarlo. No quiero verlo nunca más.”
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En el inicio del combate, el venezolano sorprendió con un mejor estado físico y ganó los dos primeros asaltos gracias a precisos uppercuts.
Pero en el tercero Hagler activó su maquinaria habitual, empezó a presionarlo y dejó claro que, más allá de los mandatos de los organismos, no había rivalidad real entre ambos.
En el cuarto round Obelmejías estuvo al borde del nocaut cuando lo salvó la campana. En el quinto, ya sin capacidad de respuesta, recibió una andanada de golpes que lo dejaron prácticamente inmóvil. Entonces, Hagler lanzó un demoledor gancho de derecha, perfecto en tiempo y potencia, que impactó seco en la mandíbula del venezolano y lo mandó a la lona sin posibilidad de recuperación.
KO limpio. Revancha terminada. Duda alguna despejada.
En la conferencia posterior, Hagler lanzó un dardo final:
“¿Y ahora? ¿Tenía gripe esta vez?”
La noche dejó en evidencia lo que todo el mundo sabía: Obelmejías no era el mejor contendiente disponible, y el CMB había obligado a un campeón histórico a perder el tiempo. Menos de cuatro meses después, Hagler demostraría su verdadero nivel demoliendo a Tony Sibson, confirmando que se encontraba en el punto más alto de su carrera.
En aquellos años, Marvelous Marvin Hagler no solo era el monarca absoluto del peso medio: era uno de los mejores campeones de todos los tiempos.
Hagler vs. Obelmejías II: Una revancha que nunca debió existir.
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