A “Roña” Castro lo salvó la ‘segunda Mano de Dios’.
Jorge Fernando Castro, conocido mundialmente como “Roña” o “Locomotora”, es uno de los boxeadores más emblemáticos que ha producido Argentina y, a la vez, una figura singular dentro de la historia del boxeo profesional, que hizo historia no solo como campeón sino también por aquella dramática victoria que conquistó ante John David Jackson, calificada por el mismo como la «segunda mano de Dios».
Nació el 18 de agosto de 1967 en Caleta Olivia, provincia de Santa Cruz, en el extremo sur del país.
Su infancia estuvo marcada por carencias económicas, trabajos tempranos y un temperamento fuerte que, con el tiempo, sería canalizado en el boxeo. Ese entorno moldeó un estilo de combate intenso, frontal y resistente, características que definirían su carrera de más de veinte años en el profesionalismo.
Castro debutó profesionalmente en 1987, con apenas 19 años, y rápidamente se transformó en un fenómeno por su capacidad para pelear con frecuencia. A diferencia de los calendarios actuales, donde un boxeador de élite suele presentarse dos o tres veces por año, Castro llegó a combatir más de una docena de veces en una sola temporada.
Para finales de la década de los 80 ya acumulaba decenas de peleas, la mayoría con victoria, lo que construyó no solo una base técnica y competitiva, sino también una imagen de luchador incansable.
A comienzos de los 90, Castro empezó a proyectarse internacionalmente. Peleó en Estados Unidos, Europa y Latinoamérica, enfrentando a boxeadores de distinto nivel y consolidando un récord que se hacía cada vez más imponente. Su estilo agresivo y su resistencia física llamaron la atención de promotores importantes, lo que eventualmente lo llevó a una oportunidad por el título mundial.
A “Roña” Castro lo salvó la ‘segunda Mano de Dios’.
Para entonces, su récord ya era el de un veterano, pero Castro estaba apenas entrando en su madurez boxística.
El 12 de agosto de 1994 llegó su coronación. En Tucumán enfrentó al estadounidense Reggie Johnson por el título mundial mediano de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB). Fue una pelea cerrada, con alternancia de dominio y un fuerte componente táctico, pero Castro terminó imponiéndose por decisión dividida, lo que lo convirtió en campeón del mundo.
Ese logro lo ubicó oficialmente entre los grandes nombres del boxeo argentino, junto con figuras como Carlos Monzón, Nicolino Locche y Víctor Galíndez. El cinturón AMB marcó el punto más alto de su carrera, pero también abrió la puerta a las peleas más recordadas de su trayectoria.
La otra mano de Dios…
Como campeón, Castro realizó varias defensas del título, aunque la más recordada fue, sin duda, la que tuvo lugar en Monterrey, México, el 10 de diciembre de 1994, ante John David Jackson, ex campeón de la OMB y reconocido por su técnica. Ese combate pasaría a la historia como uno de los más dramáticos jamás protagonizados por un boxeador argentino.
Castro llegó a ese duelo en buenas condiciones, pero desde los primeros asaltos fue dominado con claridad. Jackson lo superaba en precisión, movilidad y combinación de golpes, mientras que Castro acumulaba castigo y cortes profundos que comprometían su visión.
Para muchos observadores, la pelea estaba a punto de ser detenida por el árbitro o el médico del ringside al finalizar el octavo asalto. Jackson ganaba ampliamente en las tarjetas y Castro, sangrando y exhausto, parecía al borde de perder la corona.
Sin embargo, ocurrió una de las escenas más memorables del boxeo latinoamericano. En el noveno asalto, cuando Jackson buscaba cerrar el combate, Castro, arrinconado y con la visión reducida, lanzó una izquierda corta que impactó de lleno y envió al estadounidense a la lona.
Jackson se levantó, pero estaba conmovido; Castro lo derribó dos veces más, obligando al árbitro a detener la pelea. En cuestión de segundos, el argentino había pasado de una derrota inminente a retener su título en un nocaut histórico.
La epica victoria ante Jackson fue bautizada por él mismo como “la otra Mano de Dios”, en referencia al gol de Maradona, durante el Mundial de México 1986 contra Inglaterra, además para la revista The Ring fue la “Pelea y asalto del Año”.
Castro continuó su reinado hasta 1995, cuando perdió el cinturón ante el japonés Shinji Takehara, en Tokio, por decisión unánime. Aunque la derrota lo privó de la continuidad como campeón mundial, su carrera estaba lejos de terminar.
En los años siguientes subió de categoría y enfrentó, entre otros, a una leyenda absoluta del boxeo: Roberto “Mano de Piedra” Durán. Se enfrentaron dos veces, con Castro ganando el primer combate y Durán el segundo, en duelos que atrajeron atención internacional y resaltaron la resistencia y agallas del argentino.
A lo largo de su carrera, Castro mantuvo un nivel de actividad excepcional y enfrentó a múltiples rivales de distintas generaciones. Su estilo constante de ir al frente, su capacidad de absorción y su potencia natural lo convirtieron en un oponente difícil para cualquiera.
Más allá de sus logros titulares, su carrera destaca por su extensión y productividad. En total, disputó 144 peleas profesionales, con un registro de 130 victorias, 90 por nocaut, 11 derrotas y 3 empates.
Ese volumen lo ubica dentro de la élite histórica de boxeadores con más de 100 peleas profesionales, un grupo cada vez más reducido en la era moderna del boxeo, donde la cantidad de presentaciones suele ser limitada.
Hoy, Jorge “Roña” Castro se dedica principalmente a tareas sociales y al boxeo formativo. Gestiona un gimnasio en el Gran Buenos Aires donde entrena a jóvenes y brinda clases, y al mismo tiempo coordina varios comedores y merenderos que surgieron de su trabajo comunitario durante los últimos años.
También impulsa el programa “Guantes por la vida”, en el que ofrece actividades deportivas y educativas dentro de cárceles. Alejado del boxeo profesional, mantiene una presencia activa en su comunidad a través de ayuda social y proyectos vinculados al deporte.
A “Roña” Castro lo salvó la ‘segunda Mano de Dios’.