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Joe Frazier: un astro inmortal de manos enguantadas

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Joe Frazier: un astro inmortal de manos enguantadas
Joe Frazier: un astro inmortal de manos enguantadas

Joe Frazier: un astro inmortal de manos enguantadas.


Jesús Cova.


El próximo 12 de enero se cumplirán 82 años del nacimiento, en Beaufort, Carolina del Sur, de Joseph William Frazier, a secas Joe Frazier, apodado “Smokin” (humeante), calificado como uno de los más recios, espectaculares y pundonorosos astros del deporte de las narices aplastadas y las orejas de coliflor dentro de la división de los pesos completos que haya pisado un ring.

Un agresivo e implacable cáncer hepático, diagnosticado dos meses antes, lo obligó a bajar la guardia por última vez el 7 de noviembre de hace 14 años, en Filadelfia.

El apodo de Smokin no fue una graciosa concesión ni una ocurrencia sin sentido de los cronistas de boxeo de su país. Con él graficaron lo que distinguió y diferenció al astro inmortal de manos enguantadas: apenas sonaba la campana que llamaba a la acción, saltaba como una pantera hambrienta al centro del encordado, el cuerpo en incesante bamboleo, mientras resoplaba y parecía despedir humo por las fosas nasales, semejante a una locomotora antigua o a un añejo barco de calderas.

Todo ello apoyado en el arma letal de su gancho de izquierda, considerado entre los más mortíferos de la historia, aun cuando su derecha no era menos dañina.

Frazier será recordado siempre por los viejos aficionados, que no pueden menos que rememorar muy especialmente sus tres choques con otro de los grandes de los libros —para muchos el número uno— Muhammad Ali, originalmente Cassius Clay.


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Llenó un vacío

Debe acotarse, sin embargo, y para hacerle justicia, que Frazier significó para el boxeo algo más que ser el archienemigo de Ali. Joe apareció cuando se requería un sustituto para el vacío dejado por el parlanchín de Louisville al negarse a uniformarse para ir a la guerra de Vietnam, decisión que lo alejó por tres años y medio de la actividad en la que reinaba como máximo imán de taquilla.

Durante esos años de ausencia, fue Frazier quien ayudó decisivamente a mantener vivo el interés de la afición por un deporte que se debatía en la mediocridad, había perdido fieles y estaba sediento de una figura de relieve. Esa figura fue Frazier, aunque con un brillo menos carismático que el de Ali.

A raíz de su deceso, hace casi tres lustros, los medios escritos y audiovisuales volvieron sobre sus tres batallas con Ali, con balance favorable de 2-1 para el musulmán.


Joe Frazier: un astro inmortal de manos enguantadas.


Se recordó la “Pelea del Siglo” del 8 de marzo de 1971 en el Madison Square Garden, con las fajas AMB, CMB y The Ring en juego, y con ambos invictos: Frazier 26-0 (24 KO) y Ali 31-0 (25 KO). La caída de Ali en el asalto 15, tras un gancho de izquierda, fue decisiva.

También se evocó el segundo combate, menos promocionado, y especialmente el épico tercer enfrentamiento del 1 de octubre de 1975 en Manila, Filipinas. No ha habido, antes ni después, una batalla en los pesos completos con tanta violencia y dramatismo. Cuando Frazier no respondió a la campana del 14º asalto, Ali se desplomó en brazos de sus asistentes, y más tarde diría que nunca había estado tan cerca de la muerte.

Años después, Ali aseguró que ningún rival fue tan rudo como Frazier. Ambos quedaron marcados física y definitivamente tras Manila.

Joe Frazier terminó su vida en la pobreza tras dilapidar su  fortuna. Solo fue derrotado por dos hombres: Muhammad Ali y George Foreman, este último por nocaut en dos y cinco asaltos.

Medallista de oro olímpico en Tokio 1964, Frazier fue profesional entre 1965 y 1976. Reinó como campeón AMB, CMB y The Ring, y cerró su carrera con récord de 32 victorias, 27 por nocaut, cuatro derrotas (tres por KO) y un empate. Entre sus víctimas figuran Jerry Quarry, Oscar “Ringo” Bonavena, Buster Mathis, George Chuvalo, Jimmy Ellis y Doug Jones.

Por su estilo agresivo fue comparado con Rocky Marciano y, guardando distancias, con Joe Louis y Archie Moore. Su nombre está inscrito con justicia en el Salón Internacional y en el Salón Mundial del Boxeo.

Sirvan estas líneas como tributo a su memoria y a su trayectoria profesional, sin pretender ser un canto lírico. Finalmente, un mensaje de Feliz Navidad y un venturoso año 2026 para los lectores de esta página.


Joe Frazier: un astro inmortal de manos enguantadas.


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