Leyendas del Boxeo

A Gilberto Mendoza, in memoriam

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A Gilberto Mendoza, in memoriam

Diez años después, su recuerdo sigue iluminando el camino de quienes aprendimos de su ejemplo humano y de su visión del boxeo.

Jairo Cuba / Editor de Boxeoplus.com.


A Gilberto Mendoza, in memoriam.


Cada 11 de marzo la brisa sopla distinta. Y con ella vuelve la nostalgia. La tristeza nos desborda entre sentimientos encontrados. Fue el día que Dios eligió tu partida para tenerte cerca, dejando un hondo vacío que sigue estando vacante, Gilberto.

Tu partida enmudeció a quienes te queremos con el alma, porque sembraste con tu ejemplo un sentimiento imborrable de lo que debe ser un ser humano en su paso por este mundo.

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Han sido diez años de ausencia presente. Diez años de aquel 11 de marzo que nos arrugó el alma. Diez años extrañando tu actitud ante la vida, con tu don de gentes intacto, ese que siempre tendió la mano sin pedir nada a cambio, pagado apenas con el afecto de quienes conocimos tu cercanía, tu solidaridad y tu disposición permanente para las enseñanzas y el compartir de experiencias.

Diez años que han transcurrido como el agua entre las manos, cuando más te necesitamos.

Diez años en los cuales —estoy seguro— iluminas el camino de quienes extrañamos tus consejos y tu apoyo.

Y al mirar tu recorrido, resulta inevitable pensar en la manera en que viviste. Tu vida fue intensa. Viviste con rigor y con pasión. Construiste una historia y un legado. Le dejaste al boxeo muchas cosas: dignificaste al atleta, ejerciste la justicia con firmeza y consolidaste el sello de tu vida con una conducta impecable, una condición ética que fue siempre tu mayor virtud.

No hay manera de cuantificar cuánto se extraña y cuánto dolor dejó tu partida. Y menos en estos tiempos convulsos, de confusiones globales, donde se echa de menos esa voz orientadora que más de una vez supo superar tormentas con sabiduría y aplomo.

El boxeo —tu gran pasión— también perdió uno de sus grandes baluartes, porque tu gestión abrió el camino a profundos cambios y transformaciones que siguen vigentes.

Hoy, diez años después de aquella tarde sombría, aprovecho para agradecerle al universo haberte puesto en mi camino y enseñarme que el boxeo es mucho más que contacto, golpes o nocauts.

El boxeo también es nobleza.
Es ciencia.
Y es, ante todo, una escuela de vida.

Que Dios bendiga cada día de tu descanso eterno.
Y que en las nuevas generaciones del boxeo —y de la vida— permanezca la huella luminosa que nos dejaste.


A Gilberto Mendoza, in memoriam.


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