LAS VEGAS. – En un combate francamente impredecible, David Benavidez demostró que su apelativo del “Monstruo” está en buenas manos al vapulear a Gilberto Ramírez y conquistar su tercera faja en categorías diferentes, con una demostración contundente ante una oposición decepcionante.
Benavidez, que con este triunfo merece ser considerado en este momento como la cara del boxeo, lo hizo todo bien y puso de manifiesto que es un peleador en pleno auge.
El púgil nacido en Estados Unidos, pero con abolengo mexicano, no se decantó por la estrategia ni la táctica y apostó a sus condiciones y a su frecuencia de golpes para apabullar a un rival de mayor tamaño, que se presentó como un campeón irresoluto, carente de creatividad y excesivamente torpe, sin capacidad para hacer valer su tonelaje.
El combate fue impredecible no por el resultado —porque, a fin de cuentas, Benavidez partía como favorito—, sino porque cuesta creer que un hombre que se fajó doce asaltos compitiendo con Dmitry Bivol, Chris Billam-Smith y Yuniel Dórticos pudiera tener una actuación tan irregular ante un rival exigente como Benavidez.
Desde el primer momento, el ring fue del “Monstruo”, quien metió sus golpes a placer y vapuleó al “Zurdo” en una proporción de tres a uno. Lo insólito fue que no hubo un solo momento —ni siquiera casual— en el que Ramírez comprometiera con su fuerza a Benavidez, quien en el papel daba ventajas en el peso.
Benavidez peleó a placer en las tres distancias.
Los asaltos transcurrieron como un verdadero vía crucis para Ramírez, que terminó con el rostro desfigurado, ensangrentado y con el ojo izquierdo cerrado, producto de la descomunal paliza.
Ya en el cuarto asalto, el poder y la velocidad de Benavidez habían trazado la ruta del combate con la primera caída de Ramírez, hasta que en el sexto se arrodilló para esperar el conteo y dar por finalizado el desigual combate, faltando apenas un segundo para terminar el asalto.
Victoria meritoria para Benavidez porque, a instancias del resultado oficial, hizo su trabajo mientras su rival estuvo muy por debajo de las expectativas generadas, mostrando una opacidad que le resta brillo al hecho de ser el primer monarca mexicano supermediano y crucero.
Para Benavidez, esta victoria lo ubica en el cenit del boxeo desde el punto de vista mediático y, sin duda, lo coloca como número tres del libra por libra.
¿Qué viene ahora? Regresar a su división y aspirar a convertirse en indiscutido ante Dmitry Bivol es la pelea que se merece, porque, entre una y otra cosa, para el boxeo, la faja del semipesado tiene más historia que la del crucero. Eso lo definirá el tiempo y el negocio.