Connect with us

Leyendas del Boxeo

Ali luchó contra el mal con la misma tenacidad que mostró en el ring

Published

on

Ali luchó contra el mal con la misma tenacidad que mostró en el ring
Ali luchó contra el mal con la misma tenacidad que mostró en el ring

Ali luchó contra el mal con la misma tenacidad que mostró en el ring.


Jesús Cova.


«Ali entendía que para ser grande necesitaba de una fuerza exterior… Si peleas por ti mismo, eres tú contra todos los demás, y esto te motiva, pero nunca será con la fortaleza que Ali tenía. Muhammad peleaba más que por él mismo. Él peleaba por Dios, su misión era muy grande…»      (Un reportero de Sports Illustrated).

Aquellas palabras las empleamos hace unos años, sin recordar cuántos, en ocasión de otro aniversario de la partida física de quien es, a no dudarlo, la más carismática figura de la historia de la disciplina de los guantes y los golpes, y del deporte en general: Muhammad Ali, inicialmente conocido como Cassius Marcellus Clay, nacido en Louisville, Kentucky, el 17 de enero de 1942 y fallecido el 3 de junio de 2016, a los 74 años de edad, en un hospital de Scottsdale, Arizona, deceso ocurrido presumiblemente por secuelas del mal de Parkinson que padeció durante unos penosos 32 años.

La enfermedad le fue diagnosticada en 1984 por los médicos del Hospital Presbiteriano de Nueva York, luego de conocerse los resultados de los iniciales exámenes practicados por el neurólogo Stanley Fahn.

Ali luchó contra el mal con la misma tenacidad que mostró en el ring, hasta bajar la guardia definitivamente en la fecha citada, mermada su energía vital a los 74 años de edad y ya convertido en lo que fue: una inmortal leyenda del deporte universal y un venerado símbolo en su país de la lucha por los derechos ciudadanos de sus hermanos de raza y de los de su religión, el Islam.

Estuvo en un ring profesionalmente desde el 29/10/60 cuando, a los 18 años, debutó con un triunfo en seis asaltos frente a un cierto y nada recordado Tunney Hunsaker, en su natal Louisville, Kentucky, poco tiempo después de haber ganado el oro del peso semicompleto de los Juegos Olímpicos de Roma-60, con cuatro triunfos.

En 1981, a los 39 años de edad, abandonó el ring con 56 peleas ganadas, 37 por KO, y cinco derrotas, solo una antes del límite ante su exsparring Larry Holmes, entonces rey del peso completo, división en la que militó desde su estreno en el rentado.


Ali luchó contra el mal con la misma tenacidad que mostró en el ring.


Agreguemos que históricamente Ali es, hasta hoy, el único militante de la categoría reina que dominó la misma en tres diferentes etapas (1964, 1974 y 1978). Es igualmente el boxeador de mayor proyección universal, para cientos de miles de aficionados el Número Uno de todos los que han subido a un ring y, con seguridad, el boxeador de quien más ha hablado el mundo desde el nacimiento de la actividad hace varios milenios, de acuerdo con lo que creen los historiadores.

Desde aquel estreno en 1960 hasta su despedida en 1981 llenó las páginas de los medios de comunicación de su país y del orbe con hechos imborrablemente registrados para la historia del pugilismo, hechos imposibles de englobar totalmente.

El primero de ellos fue el nacimiento de su pasión por el boxeo, despertada luego del robo de su bicicleta por un ladronzuelo cuando el niño Cassius tenía 12 años en Louisville; la mencionada conquista de la medalla dorada de los Juegos Olímpicos de Roma-60; los muchos cetros nacionales conquistados en amateur, campo en el cual logró más de un centenar de triunfos y pocos reveses; sus primeros pasos exitosos en el profesional; su coronación como rey de todos los pesos en febrero de 1964 con un KO en siete rounds sobre Sonny Liston, presumiblemente invencible y a quien despachó de nuevo en un asalto en la revancha; y su negativa a reportarse a filas en abril de 1967, para la que adujo ser “objetor de conciencia” y porque, dijo, “no voy a ir a Vietnam a matar a ningún vietcong, pues ningún vietcong me ha llamado negro”.

A lo dicho hay que añadir sus victorias sobre los mejores pesos pesados de la época, entre estos Brian London, Oscar “Ringo” Bonavena, Zora Folley, Henry Chuvalo, Henry Cooper, Cleveland Williams, el legendario excampeón semipesado Archie Moore, el igualmente exrey completo Floyd Patterson, Ernie Terrell y las dos victorias sobre el exmarine Ken Norton, con quien perdió por decisión la primera a causa de una fractura de la mandíbula desde el primer asalto. Vale añadir que su osada negativa a ir a Vietnam le costó la pérdida de sus títulos y una ausencia del ring por tres años y medio, desde 1967 hasta inicios de los años setenta.


NOTICIAS: El boxeo venezolano atraviesa una dura etapa


Ali luchó contra el mal con la misma tenacidad que mostró en el ring.


Con su estilo anticonvencional para el peso —inicialmente censurado por los expertos, que luego cambiaron de opinión ante los resultados exitosos de sus peleas—, consistente en moverse sin parar de uno a otro lado del ring con los brazos a los costados, regresó a la acción tres años y medio más tarde con tres triunfos al hilo y el 8 de marzo de 1971, en el Madison Square Garden de Nueva York, experimentó el primero de sus apenas cinco reveses en total frente a Joe Frazier en 15 vueltas, con una caída en el último asalto en una pelea considerada por cientos de miles como la verdadera Pelea del Siglo XX de todos los pesos.

Frazier sería luego su gran oponente en dos peleas más, ambas ganadas por Ali, la última el 1° de octubre de 1975 en Manila, Filipinas, cuando Frazier se quedó sentado en la banqueta al sonar la campana para el round 14, en una guerra a muerte en la que ambos terminaron extenuados y la cual, según se dijo, condujo al acortamiento de sus respectivas carreras por el sobrehumano esfuerzo desplegado.

Luego del adiós al ring, Ali dedicó la mayor parte de su tiempo a sus luchas sociales. A ratos se tomaba recesos para aparecer en diversos eventos deportivos, el más recordado y penoso cuando portó la antorcha olímpica en los Juegos de Atlanta el 19 de julio de 1996, ya desgastado físicamente. Entonces se le vio por televisión tembloroso, mustio, una triste imagen que impactó al mundo al encender el pebetero.


Ali luchó contra el mal con la misma tenacidad que mostró en el ring.


Ya en el retiro, luego de perder por decisión ante Trevor Berbick en Nassau, Bahamas, el 3 de diciembre de 1981, abundaron los reconocimientos de toda índole, entre ellos su inclusión en el Salón Internacional de la Fama del Boxeo en Canastota, Nueva York; la Medalla Presidencial de la Libertad; Deportista del Siglo XX por Sports Illustrated y la BBC de Londres; Rey del Boxeo por el Consejo Mundial de Boxeo; el Premio Martin Luther King y el reconocimiento por Servicio Distinguido de la Asociación Mundial de Boxeo.

RUMBLE IN THE JUNGLE

Cerraremos esta nota, tributo a su memoria a diez años de su muerte, con unos párrafos tomados de un relato similar escrito hace algún tiempo, relacionados con la más candente y divulgada de sus 56 peleas, con seguridad la más dramática y auténtica de la historia del ring: el choque de Kinshasa, Zaire, hoy República Democrática del Congo, el 30 de octubre de 1974, evento llamado Rumble in the Jungle (Estruendo en la Selva), como lo promocionó su organizador, el famoso promotor Don King.

Ali y George Foreman ocuparon las esquinas. Este último llegaba como imbatido monarca con récord de 40-0 y 37 KOs, favorito 7-1 en las apuestas, aunque no así para los espectadores, abrumadoramente inclinados hacia el retador que volvía en busca del trono perdido fuera del ensogado.

Fue aupado al grito de “Ali boma yé, Ali boma yé” (“Ali, mátalo”) en idioma lingala y bajo un calor sofocante, entre las 3:00 y las 4:00 de la madrugada del miércoles 30 de octubre de 1974, en el estadio 20 de Mayo de Kinshasa, la antigua Leopoldville, primera pelea titular realizada en suelo africano. La bolsa para ambos fue de cinco millones de dólares, suma sin precedentes para la época, pagada por el dictador Mobutu Sese Seko.

La capacidad del local, de unas 60 mil personas, fue ampliamente rebasada. La mayoría deseaba el triunfo del aspirante de 32 años, 1,91 metros de estatura y 216 libras de peso, con récord de 42-2 y 31 nocauts.


Ali luchó contra el mal con la misma tenacidad que mostró en el ring.


Vemos en el recuerdo a Foreman, de trusa roja, saltar como un toro con un estilo invariable, empujando y atacando sin descanso. Frente a él, Ali, de trusa blanca, se protegía con los guantes sobre la cara y de pronto lanzaba dos ganchos, un recto o un uppercut desde las sogas, aplicando la estrategia que bautizó como rope-a-dope.

Foreman descargó centenares de golpes con toda su potencia durante siete largos asaltos, mientras Ali absorbía y neutralizaba el castigo con brazos y antebrazos. Poco a poco el campeón comenzó a agotarse.

En el octavo asalto, ya exhausto, Foreman volvió a lanzarse al ataque. Ali respondió con precisión. Lo golpeó varias veces y, a escasos segundos del final del round, desató la ofensiva definitiva. Una izquierda, una derecha, otra combinación y, de pronto, el golpe decisivo.

¡PAM!

La derecha impactó de lleno. Foreman inició una lenta y dramática caída a la lona mientras el estadio explotaba de júbilo. El campeón logró incorporarse con las piernas bamboleantes, pero el árbitro Zachary Clayton ya había completado la cuenta reglamentaria a los 2:58 del octavo asalto.

Fue el triunfo de la inteligencia sobre la fuerza en la que sigue siendo, para muchos, la pelea más célebre, emocionante e inolvidable de todos los tiempos, observada por unos 300 millones de personas alrededor del mundo.

Ali dominaba también las tarjetas al momento del desenlace. Clayton lo tenía adelante 68-66, mientras los jueces Nourridine Adalla, de Túnez, y James Taylor, de Estados Unidos, marcaban 70-67 y 69-66 respectivamente a favor del peleador de Louisville.

Era el hombre que volaba como una mariposa y picaba como una abeja. El más grande y el más bello de todos los boxeadores, como él mismo se proclamaba.

Aquel irreverente hombre que desafió al poder político de su país al negarse a servir en Vietnam, que luchó por los derechos civiles y por sus creencias religiosas, y que, enfermo de Parkinson desde 1984, terminó sucumbiendo a un choque séptico provocado por una grave infección que le ocasionó una brusca caída de la tensión arterial.


Han transcurrido ya diez años desde su partida. Pero Muhammad Ali sigue viviendo en la memoria colectiva del deporte. ¡Duerme en paz, campeón!


Ali luchó contra el mal con la misma tenacidad que mostró en el ring.


Mas deportes: http://entornointeligente.com/category/deportes