Catterall vence a Essuman con caos y controversia.
LONDRES – Jack Catterall obtuvo una de las victorias más controvertidas de su carrera. El británico se impuso por nocaut en el undécimo asalto ante un valiente Ekow Essuman, pero lo hizo en un final que dejó atónitos a los aficionados y que reavivó el debate sobre la intervención arbitral. La pelea terminó con Essuman fuera del ring y con múltiples preguntas sin responder.
Catterall, quien estrenaba equipo de trabajo tras su ruptura con Jamie Moore y su llegada al experimentado entrenador “Bozy” Ennis, mostró un filo inusual en su boxeo, una agresividad que parecía anunciada desde la previa. Y aunque el combate empezó bajo control para el zurdo de Chorley, la noche estuvo lejos de ser sencilla.
Los primeros asaltos parecían responder al guion previsto: Catterall, preciso y cerebral, imponía distancia con jabs puntuales, mientras Essuman apenas encontraba huecos para conectar algún derechazo aislado. Sin embargo, en el cuarto round llegó el primer punto de quiebre.
Un choque de cabezas abrió una profunda herida en el rostro de Essuman y segundos después Catterall lo derribó con una combinación limpia de derecha–izquierda que hizo pensar en un desenlace inminente.
El veterano de Nottingham, sin embargo, sobrevivió como pudo al asalto y llegó a su esquina aún con opciones. Y su respuesta sorprendió a muchos: lejos de apagarse, Essuman encontró vida en el séptimo, justo cuando Catterall empezó a mostrar señales de fatiga. Un zurdazo certero abrió un corte sobre la ceja derecha del favorito, lo que encendió una batalla táctica más tensa y peligrosa.
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Con un ojo prácticamente cerrado, Essuman se lanzó a presionar en los asaltos intermedios, empujando a Catterall a terreno incómodo. No fue un thriller, pero sí una pelea cargada de drama: dos hombres heridos, cada uno buscando explotar la debilidad del otro.
Y entonces llegó el undécimo asalto. Y con él, el caos.
Catterall conectó una izquierda que hizo que Essuman cayera brevemente de rodillas. El árbitro, dudoso de si el golpe fue legal, pareció pedir que se detuviera la acción. Essuman se levantó rápidamente, quizá demasiado. Y Catterall, en ese instante de confusión, descargó cuatro golpes consecutivos, todos limpios, que volvieron a enviar al rival al suelo.
No hubo falta. No hubo conteo. No hubo advertencia. La acción continuó.
Herido y sin brújula, Essuman quedó atrapado contra las cuerdas. Un par de golpes más de Catterall lo proyectaron fuera del encordado, donde cayó inconsciente por algunos minutos, generando preocupación instantánea en el estadio.
Catterall detuvo su celebración de inmediato. El árbitro John Latham, en tanto, respiró con alivio cuando Essuman finalmente reaccionó.
El significado del triunfo
La victoria permite a Catterall (32 años) reinsertarse en la conversación por un título mundial tras años de oportunidades esquivas y decisiones frustrantes. Su reciente paso al peso welter, criticado por algunos, parece haber encontrado un nuevo sentido con la guía de Ennis.
Essuman, de 36 años, queda con la dignidad intacta tras una actuación valiente y con sabor amargo: su avance en las clasificaciones —construido tras derrotar a Josh Taylor y retirarlo del boxeo— se frena con un final que muchos considerarán injusto.
Jack Catterall ganó, sí. Pero la forma en que lo hizo garantizará que esta pelea se discuta largamente.
Catterall vence a Essuman con caos y controversia
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