El boxeo reivindica la lógica y el valor de los títulos.
Jairo Cuba / Editor de Boxeoplus.com
La lógica tuvo un papel fundamental este sábado en la cartelera Ring IV realizada en Arabia Saudita, al confirmarse las categóricas victorias de los favoritos y reivindicarse el valor de los títulos de los organismos mundiales.
De un lado, “Bam” ratificó que en el boxeo hay niveles, y que el suyo es muy superior al de su maltrecho rival, quien perdió más tiempo en el ejercicio de la arrogancia previa que en la elaboración de una táctica efectiva para una pelea que siempre fue cuesta arriba y que terminó siendo desigual.
El argentino, precedido por cuatro victorias importantes ante dos rivales que ya no estaban en su prime, se sobrevaloró sin tomar en cuenta la magnitud del reto. Su primer rival, lamentablemente, fue su propio ego.
Fue demasiado vehemente en las previas promocionales, y ese choque emocional con la realidad que le tocó vivir en el ring fue el primer obstáculo que no pudo superar ante un hombre que conoce muy bien las reglas del cuadrilátero.
Rodríguez hace el trabajo a la perfección, combina y contragolpea, utiliza el jab como punta de lanza para tomar distancia con precisión y que, además, es un zurdo incómodo, movedizo y con una frecuencia de golpes abrumadora.
Bam Rodríguez con todas sus fajas.
Contra todo eso tenía que lidiar “El Puma”, y para lo cual no estaba preparado. Probablemente equiparon al “Bam” con Ancajas e Ioka, y en el ring se encontraron con un verdadero verdugo que lo abrumó a golpes desde el inicio hasta el doloroso final.
Al Puma no se le puede lanzar a la hoguera por esta dura derrota, que él siente más que nadie al verse obligado a bajar del olimpo ficticio al que se subió.
Debe tomar esto como un aprendizaje y regresar más fuerte si quiere continuar. Aún tiene cartuchos por quemar y probablemente su nivel sea superior al del actual monarca de la IBF o si lo desea bajar a las 112 porque en el pesaje oficial de esta pelea, su peso corporal estuvo mas cerca de las 112 libras que de las 115, detalle muy curioso.
¿Será que se anima a intentarlo en 112?
Precisamente su victimario hizo ese ejercicio y le fue muy bien.
La lógica también se impuso en el combate de Benavídez con Yarde. Era impensable creer que el británico fuera un rival de peligro, aunque así intentaron venderlo.
Yarde solo fue valiente para recibir, pero su capacidad estuvo por debajo de lo que muchos aspiraban, sostenido por aquel espejismo de sus combates con Kovalev y Beterbiev, sin tomar en cuenta lo exigido que estuvo cuando cobró venganza de Lyndon Arthur.
No había manera ni forma de que el británico pudiera dar la sorpresa ante un Benavídez que vive su mejor momento.
En estos dos combates —Bam–Martínez y Benavídez–Yarde— hubo cierta similitud: uno se sobrevaloró y al otro lo sobrevaloraron.
Al final, se impuso la lógica.
El boxeo reivindica la lógica y el valor de los títulos.
Mason y Noakes: la sorpresa de la noche
Al combate entre Abdullah Mason y Sam Noakes no se le dio la relevancia que terminó mostrando, y fue la única sorpresa de la noche saudí. Ambos invictos se fajaron en una dura batalla que terminó siendo la mejor pelea de la velada.
Mason parece comenzar una ruta importante, aunque aún en proceso de maduración, y el británico exhibió una admirable capacidad para resistir.
Ya se habla de Mason como una gran figura, pero prudentemente preferimos darle tiempo al tiempo.
Lo que inicialmente parecía un traje a la medida para Mason terminó siendo una pelea exigente y entretenida. No diremos que salvó la noche —porque en las estelares hubo drama—, pero sin duda fue la mejor de la velada.
El boxeo reivindica la lógica y el valor de los títulos.
Tom & Jerry en acción
No esperábamos gran cosa del combate entre Brian Norman Jr. y Devin Haney. Más entretenido estuvo el choque verbal entre sus padres. Tampoco digerimos el favoritismo otorgado al campeón: la experiencia y el oficio eran factores que no podían ignorarse ante un boxeador tan habilidoso como el nuevo monarca welter.
Lo único notable de esta pelea fue la caída de Norman; el resto fue un paseo de amarres, evasivas y piruetas de un peleador que no entretiene, pero gana.
Sencillamente, Norman no podía ganar este combate contando solo con una mano, frente a un rival que —como siempre— salió a jugar al gato y al ratón. Ese reprochable “Tom & Jerry” que tanto molesta a Turki Alalshikh, Haney volvió a repetírselo en su propia cara y a domicilio.
Sin títulos no hay paraíso…
Si algo demostró esta cartelera es que los títulos de los organismos internacionales sí son importantes y fueron el pilar de la promoción. Eso pone en evidencia que esa aventura impulsada bajo el capricho de Dana White está haciendo reflexionar al jeque árabe, quien comienza a entender que es mejor lo convencional que la incertidumbre.
Si lo convencional necesita ajustes e innovación, hay que hacerlos, pero sin saltos al vacío.
El balance de esta cartelera, del 1 al 10, es un 7. Quizás muchos no estén de acuerdo, pero cuando se impone la lógica, hay que tener la decencia de reconocer que, pese a que esperábamos más, fueron más de tres horas de entretenimiento, tensión y drama.
El boxeo reivindica la lógica y el valor de los títulos.