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El mordisco que estremeció al boxeo

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El mordisco que estremeció al boxeo
El mordisco que estremeció al boxeo.

El mordisco que estremeció al boxeo.


El 28 de junio de 1997 quedó marcado como uno de los capítulos más insólitos y controvertidos en la historia del boxeo. Aquella noche, en el MGM Grand de Las Vegas, Evander Holyfield defendió su campeonato mundial de los pesos pesados frente a Mike Tyson en una esperada revancha que terminó convirtiéndose en la célebre «Pelea del Mordisco», un episodio que trascendió el deporte y dio la vuelta al mundo.

El combate representaba uno de los acontecimientos deportivos más importantes de la década de los noventa. Apenas siete meses antes, Holyfield había sorprendido al mundo al noquear a Tyson en una de las mayores sorpresas de la historia de la división reina. La revancha despertó una expectativa enorme y fue seguida por cerca de dos millones de compradores en pago por evento, una cifra extraordinaria para la época.

Sin embargo, nadie imaginaba que la pelea sería recordada por algo muy distinto al boxeo.

Desde el inicio, Holyfield volvió a imponer el mismo libreto del primer enfrentamiento. Utilizó su fortaleza física, su mejor técnica y un intenso trabajo en la corta distancia para neutralizar la agresividad del ex campeón. Tyson intentaba imponer su explosividad, pero una vez más encontraba enormes dificultades para superar el inteligente planteamiento táctico del monarca.

En el segundo asalto apareció un nuevo corte sobre el ojo derecho de Tyson, provocado por un cabezazo accidental según determinó el árbitro Mills Lane. La decisión aumentó la frustración del retador, quien reclamó insistentemente una sanción contra Holyfield sin obtener respuesta.

La tensión fue creciendo a medida que avanzaban los minutos. Tyson parecía incapaz de encontrar soluciones sobre el ring y comenzaba a mostrar signos evidentes de desesperación.

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Todo explotó en el tercer episodio.

En medio de un clinch, Tyson sorprendió a Holyfield al morder violentamente su oreja derecha, arrancándole un fragmento de cartílago. La imagen recorrió el planeta en cuestión de minutos y pasó a formar parte de la historia del deporte.

Tras consultar con el médico de ring y con las autoridades de la Comisión Atlética de Nevada, Mills Lane decidió descontarle dos puntos a Tyson y permitir que el combate continuara.

Pero la calma duró muy poco.

Minutos después, Tyson volvió a morder, esta vez la oreja izquierda de Holyfield, obligando finalmente al árbitro a detener definitivamente el combate y decretar la descalificación del excampeón.

La escena posterior fue aún más caótica.

Completamente fuera de control, Tyson intentó abrirse paso entre oficiales de seguridad y policías para alcanzar nuevamente a Holyfield, generando una de las imágenes más vergonzosas que se recuerdan sobre un cuadrilátero.

La derrota marcó el final de la etapa competitiva de Tyson como aspirante serio al dominio de los pesos pesados.

Aunque regresó al ring en 1999 tras cumplir una suspensión de un año, nunca volvió a recuperar el nivel que lo convirtió en el campeón más temido del planeta durante la segunda mitad de los años ochenta.

Paradójicamente, el escándalo incrementó aún más su popularidad. Tyson pasó de ser admirado únicamente por su devastador poder de nocaut a convertirse en un fenómeno mediático capaz de atraer la atención del público por todo lo que ocurría dentro y fuera del ring.

Para Holyfield, aquella victoria consolidó definitivamente su legado como uno de los mejores pesos pesados de todos los tiempos. Había derrotado dos veces consecutivas al hombre más intimidante de su generación y, además, había mantenido la calma en medio de una situación absolutamente inédita.

A casi tres décadas de aquella noche, Holyfield-Tyson II sigue siendo mucho más que la famosa «Pelea del Mordisco». Representa uno de los episodios más impactantes en la historia del deporte, un combate que abrió un profundo debate sobre los límites de la violencia en el boxeo y sobre el estado emocional de una de sus figuras más complejas.

El mordisco de Tyson quedó inmortalizado como una de las imágenes más conocidas de la historia del boxeo, pero también como el instante en que la brillante carrera del excampeón estadounidense tomó un rumbo del que jamás conseguiría regresar.


El mordisco que estremeció al boxeo.