52 años de la hazaña del irrepetible «Perico» Fernández.
Hace 52 años, el aragonés conquistó el título superligero del Consejo Mundial de Boxeo tras superar por decisión dividida al japonés Lion Furuyama en una exigente pelea de 15 asaltos.
El 21 de septiembre de 1974, Pedro Fernández Castillejos, el irrepetible “Perico” Fernández, alcanzó la cima del boxeo mundial. Tenía apenas 21 años cuando derrotó al japonés Tetsuo “Lion” Furuyama por decisión dividida y se apoderó del campeonato superligero del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), vacante después de que el italiano Bruno Arcari abandonara la división.
El combate, celebrado en el Palazzo dello Sport de Roma, enfrentó a dos hombres de características diferentes. Furuyama, zurdo, metódico y experimentado, buscaba acortar la distancia para trabajar con golpes compactos al cuerpo y la cabeza. Perico apostaba por su movilidad, sus repentinas descargas y aquella peligrosa derecha que había impulsado su meteórico ascenso.
Fernández llegó a la cita con récord de 31 victorias, dos derrotas y ocho empates, mientras que el japonés presentaba balance de 31-7-2. El español venía de vivir un verano extraordinario: en julio había noqueado a Tony Ortiz en el duodécimo asalto para conquistar el campeonato de Europa y, menos de un mes después, despachó en dos episodios al italiano Pietro Ceru.
No fue fácil
Furuyama tomó la iniciativa durante buena parte de los primeros asaltos. Caminó hacia adelante, llevó al aragonés contra las cuerdas y castigó con golpes cortos. Perico tuvo dificultades para imponer su ritmo y, además, debió combatir soportando el dolor de una lesión en una costilla, agravada por el trabajo del japonés sobre la zona media.
El español atravesó sus mejores momentos entre los asaltos intermedios. En el noveno conectó una rápida combinación que hizo tambalear a Furuyama y levantó a los espectadores. Fue una muestra del talento natural, la velocidad y la capacidad de reacción de un boxeador acostumbrado a resolver situaciones comprometidas mediante golpes inesperados.
La pelea recorrió los 15 asaltos reglamentarios y llegó a las tarjetas en medio de una enorme tensión. El árbitro Roland Dakin favoreció a Fernández 146-145; el juez japonés Yusaku Yoshida vio ganador a Furuyama 148-145, mientras que el español Fernando Perotti entregó una puntuación de 148-143 para Perico.
La decisión dividida desató una fuerte protesta entre parte del público italiano. Furuyama había mantenido la presión y algunos observadores consideraron que merecía el triunfo. Fernández debió abandonar el cuadrilátero bajo protección policial mientras caían objetos desde las tribunas. La controversia, sin embargo, nunca pudo borrar el resultado oficial: Perico Fernández era el nuevo campeón mundial superligero del CMB.
La conquista tuvo una dimensión enorme en España. El muchacho criado en un hospicio, dueño de una personalidad indisciplinada y de una pegada formidable, había alcanzado el título mundial.
Perico defendió exitosamente la corona el 19 de abril de 1975, cuando noqueó en nueve asaltos al brasileño João Henrique en Barcelona. Tres meses después perdió el cinturón frente al tailandés Saensak Muangsurin, pero la noche de Roma ya había asegurado su lugar entre las grandes leyendas del boxeo español.
Fernández terminó su extensa trayectoria con 82 victorias, 47 por nocaut, 28 derrotas y 15 empates. Furuyama, por su parte, cerró su carrera con 38 triunfos, 27 antes del límite, 12 reveses y cuatro igualdades. A 52 años de aquel polémico combate, la imagen de Perico con el brazo levantado en Roma continúa representando el instante más luminoso de una carrera tan brillante como tormentosa.
52 años de la hazaña del irrepetible «Perico» Fernández.