Rugido en la jungla: 52 años de Ali vs Foreman.
Jesús Cova.
Se cumplen 52 años de la que es, sin discusión alguna, la pelea más renombrada, analizada y comentada en la historia del boxeo. Fue bautizada como «El Rugido en la Jungla» (The Rumble in the Jungle) por su organizador, el polémico, extrovertido y famoso promotor Don King.
El combate puso frente a frente, en esquinas opuestas, a dos de los más grandes pesos pesados de la historia: Muhammad Ali y George Foreman. Se celebró en Kinshasa, capital del entonces Zaire —hoy República Democrática del Congo—, y fue el primer campeonato mundial organizado en África, el llamado Continente Negro. El espectáculo se realizó un miércoles de aquel remoto 1974.
El retador, el excampeón Ali, de 32 años, llegó con un récord de 44 victorias —31 por nocaut— y dos derrotas. Enfrente tenía al invicto y presumiblemente indestronable Foreman, siete años más joven, quien acumulaba 37 nocauts y tres decisiones favorables.
Foreman exponía las coronas de la AMB y el CMB, conquistadas el año anterior frente a Joe Frazier, a quien destrozó en tres asaltos en Kingston, Jamaica.
Ali buscaba recuperar los cinturones perdidos por una decisión gubernamental, tras negarse en 1967 a alistarse en el Ejército para combatir en la guerra de Vietnam, alegando ser «objetor de conciencia». Aquella decisión lo mantuvo tres años y medio alejado del ring.
Tras su regreso, su trayectoria le abrió la puerta para enfrentar a Foreman, quien era favorito en las apuestas en proporción de 7-1.
El acontecimiento atrajo a una legión mundial de espectadores, tanto en el lugar del combate como en el resto del planeta. La pelea ofreció una bolsa récord para la época: cinco millones de dólares para cada boxeador, pagados por el dictador y gobernante Mobutu Sese Seko, derrocado 23 años después, el 17 de mayo de 1997.
El escenario fue el Estadio 20 de Mayo, durante la madrugada local. Su aforo quedó ampliamente superado por más de 100.000 espectadores enfervorizados, quienes apoyaron al retador desde el primer campanazo y durante los 23 minutos y 58 segundos de acción, al ensordecedor grito de «¡Ali, bomaye!», en lengua lingala.
Ocho asaltos de plena tensión y «vamos a terminar con esto»
Ali manejó la pelea contra todos los pronósticos y también a contramano de las instrucciones de su entrenador de siempre, Angelo Dundee, quien le recomendaba mantenerse alejado del poder destructor de Foreman.
Ali puso en práctica su propia estrategia: permitió que Foreman atacara mientras él protegía la quijada y el cuerpo con ambos brazos.
El joven campeón golpeaba una y otra vez los flancos, sin lograr dañar al aspirante, quien le susurraba frases para desconcentrarlo. Durante los primeros siete asaltos, Ali permaneció frecuentemente recostado en las cuerdas, estilo denominado por él mismo como «rope-a-dope».
Al terminar el séptimo asalto, después de las acciones de alta tensión de los seis episodios anteriores, les dijo a sus asistentes, casi en un susurro: «Él está cansado, pero yo también me estoy cansando. Así que vamos a terminar con esto».
Al sonar la campana del octavo asalto, Ali saltó al centro del ring y lanzó una ráfaga de golpes secos. Foreman se desbarató y cayó lentamente sobre la lona, como un muñeco.
El árbitro, Zachary Clayton, exbasquetbolista de los Trotamundos de Harlem, completó la cuenta de diez a los 2:58 del asalto. Muhammad Ali ingresó así en el Olimpo del boxeo, en una pelea seguida por unos 300 millones de personas en todo el mundo, récord para un acontecimiento deportivo en aquel momento.
Ali se retiró en 1981 con un récord de 56 victorias —37 por nocaut— y cinco derrotas, una de ellas antes del límite. Ingresó al Salón de la Fama en 1990 y falleció el 3 de junio de 2016 en Scottsdale, Arizona, a los 74 años.
También destacó como ferviente defensor de los derechos civiles y de su religión.
Por su parte, Foreman se convirtió en un próspero empresario después de retirarse. Dejó marca de 76 victorias —68 por nocaut— y cinco derrotas. Falleció el 21 de marzo del año pasado, a los 76 años.
Ambos dejaron una huella imborrable en la historia del milenario deporte de los puños.
Rugido en la jungla: 52 años de Ali vs Foreman.
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